Los niños definidos por los profesionales como de alta capacidad siguen sin ser detectados y con alta probabilidad no lo serán nunca porque no responden al falso estereotipo de niños académicamente brillantes. Y lo peor es que pueden ser diagnosticados con patologías erróneas. Suelen ser los padres quienes son los primeros en darse cuenta de la diferencia de sus hijos. Los más proactivos acudirán a un psicólogo, pero no es facil encontrar profesionales debidamente especializados. Son especiales, pero sobre todo y por encima de todo, niños.

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